Cuando abril nos trae a Vilma

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ACN - Cuba
Marta Gómez Ferrals | Foto: Archivo
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05 Abril 2024

 

La combatiente y dirigente Vilma Espín Guillois, una de las míticas guerrilleras de la Sierra  y el Llano, nació en la ciudad de Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930, fecha primaveral que parece escogida para ella si creyéramos al menos por un instante en el mundo de las energías buenas de la naturaleza y algo más…

   Desde hace 17 años, después de su fallecimiento por enfermedad el 18 de junio del 2007, los cubanos supimos de sus natales y lo hemos considerado un motivo más para recordarla en su grandeza, sobre todo sus congéneres a quienes aportó, además de los resultados de sus acciones, una obra transformadora como presidenta de la organización femenina que también las emancipó en todos los ámbitos.

   De personalidad atrayente y al mismo tiempo aleccionadora tuvo esta compatriota que hablaba con suavidad y dulzura la mayor parte del tiempo, con la fortaleza de las combatientes revolucionarias de pura cepa.

   Sus amigas de infancia y juventud, y además sus coterráneas, la llamaron siempre Vilma con cariño, aunque no usaran el diminutivo habitual de los orientales. Con el sencillo apelativo expresaron confianza y camaradería que duró toda la vida en el trato a quien llegara a ocupar un cargo político alto como Presidenta de Honor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización que dirigiera e hiciera avanzar desde su fundación el 23 de agosto de 1960.

   Quienes conocían a Vilma de sus orígenes sabían que pudo haber sido una destacada profesional de la tecnología, cantante lírica o deportista, según sus notables inclinaciones, pero eligió para siempre el camino de la lucha al lado de los humildes, por la libertad y la justicia social, con entrega y sacrificio.

   Vino al mundo en el seno de una familia con grandes valores éticos, amante de la cultura y sobre todo de hondas raíces nacionales.

   Fue bautizada con los nombres Vilma Lucila y era polifacética desde sus primeros años estudiantiles. Tuvo activa participación en manifestaciones combativas por las calles de su urbe oriental, en justos reclamos de su sector; condenaba los desmanes de la dictadura de Fulgencio Batista, quien usurpaba el poder desde 1952, fecha en que encabezara un violento golpe de estado.

   Una trayectoria repleta de actos heroicos, mucha acción y enfrentamiento a graves peligros da un halo romántico si se quiere a la etapa, pero fue algo muy real y visceral para los revolucionarios de esos años.

   Más conocida en su madurez por su serena y armoniosa impronta, a veces es difícil pensar en la heroína con la agilidad de los años mozos, pero toda su labor fue de entrega, servicio y generosidad.

   Ella actuó como la legendaria Deborah en la clandestinidad y cuando llegó la hora se transformó en la multifacética guerrillera del Segundo Frente Oriental Frank País, que combatía, ayudaba en la logística y daba clases a los soldados.

   No se puede olvidar su participación, junto al inolvidable Frank País, en los preparativos de la guerra en la Sierra. Fue de la membresía en el Movimiento 26 de Julio, y trabajó codo a codo con él para apoyar el despegue y desarrollo de la lucha en las montañas.

   A partir de la segunda mitad de los años 50, cuando ya se había graduado como Ingeniera Química en la Universidad de Oriente y simultaneaba diversas responsabilidades como la organización de acciones combativas, cuentan que cuando se produjo el ataque a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y  Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953, dirigidos por Fidel Castro Ruz, y se desató una sangrienta represión, su casa sirvió de refugio a Severino Rosell y desde allí Vilma aseguró la ayuda a otros asaltantes perseguidos.

   Después de realizar un viaje a Estados Unidos, a su retorno a Cuba pasó por México en breve escala, a fin de contactar con Fidel Castro, quien le dio instrucciones y mensajes que hizo llegar a los revolucionarios del país.

   En los preparativos del alzamiento armado en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956 tuvo connotada responsabilidad en apoyo al desembarco de los expedicionarios del yate Granma.

   Por cierto que esta acción no alcanzó sus objetivos militares, pero en cambio estremeció los cimientos de esa localidad, por la audacia y valentía de los jóvenes. A partir de entonces se incrementa la represión de la tiranía, y su hogar se convirtió en cuartel general del movimiento.

   El fogueo continuo y su constante aporte la hicieron madurar y crecer como combatiente, y tras el asesinato de Frank País en 1957, al año siguiente su vida estaba en serio peligro.

   Entonces debió asumir con presteza su incorporación a las filas del Ejército Rebelde en junio de 1958, organización a la que ella y Frank País daban respaldo total.

   Más adelante, luego de la aurora revolucionaria, presidir la FMC hizo que su vida y la del resto de sus congéneres de todo el país tuvieran un antes y un después, conocieran de experiencias y desarrollo inimaginables, aunque todavía hay ingentes metas por conquistar. Tantas batallas y crecimiento ganados no caben en estas páginas.

   Vilma Espín integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, y luego como miembro del Buró Político por varios años trabajó sin descanso. Dentro del Parlamento encabezó la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer.

   En tiempos como los actuales, llenos de desafíos y demandadores de mayores esfuerzos para avanzar en el progreso nacional y algunas buenas causas todavía por ganar en favor de la conciencia por la plena igualdad de la mujer, en terrenos más hondos y amplios, las cubanas necesitan y deben inspirarse en madres fundadoras como Vilma.

   Ella tiene mucho que aportarnos todavía en esta hora de los hornos desde el recuerdo amable del día feliz de su nacimiento.