Román Romero López | Foto: Cortesía del entrevistado
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26 Febrero 2024

Ubicado en el Sitio Ramsar Gran Humedal del Norte de Ciego de Ávila (GHNCA) y considerado su parte esencial, el Refugio de Fauna El Venero constituye una joya ecológica admirable por su diversidad vegetal y animal,  además de la importancia para mantener el equilibrio ambiental en el área.
   Con una superficie de 10 mil 310 hectáreas fue aprobado como área protegida en octubre del año 2010 para reforzar la preservación de los valores de ese entorno.
   El Máster en Ciencias Daylon Fundora Caballero, especialista principal de Áreas Protegidas en la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en el territorio avileño, al reconocer la relevancia de ese ecosistema priorizado subrayó la localización en la cuenca hidrográfica La Yana, la más extensa de esos dominios del centro de Cuba y con capacidad para almacenar hasta 40 millones de metros cúbicos de agua.
   Tales condiciones posibilitan mantener el equilibrio ecológico en el GHNCA, que se extiende por cinco municipios (Chambas, Morón, Bolivia, Primero de Enero y Ciro Redondo) y abarca un total de 226 mil 875 ha.
   El también Secretario de la Junta Coordinadora de Áreas Protegidas en esa provincia, explicó que como administradora del área protegida, la Empresa Provincial Flora y Fauna es responsable de la gestión de ese refugio de fauna, donde encuentran un hábitat apropiado para su desarrollo especies como la grulla cubana, considerada en peligro de extinción.
   La población actual de esta ave, reconocida con el nombre científico de Antigone canadensis nesiotes, se estima en 160 individuos y para preservarla los técnicos y obreros de la EPFF realizan un manejo de fuego controlado en el herbazal de ciénaga, con el objetivo de facilitar los procesos de alimentación y nidificación.
   Al día siguiente de los incendios se dirigen a estos lugares, donde pueden encontrar animales muertos que resultan básicos para su nutrición, argumentó el especialista.
   La grulla cubana, subespecie endémica, compone el grupo de aves de mayor tamaño en el país, junto al garcilote y el flamenco.
   También llamada como grulla arenera, emigró a Cuba hace miles de años y se conoce sobre su establecimiento igual en Pinar del Río, Camagüey, Matanzas y la Isla de la Juventud, fundamentalmente en sabanas estériles, espacios adecuados para su alimentación, a base de tubérculos, raíces, semillas, hojas, insectos, peces, reptiles y anfibios.
   De acuerdo con un artículo publicado en la Enciclopedia Colaborativa Cubana en la Red (Ecured), las grullas conviven en parejas o familias, pero no en bandos, y es interesante ver un grupo de estas aves realizando acrobacias aéreas.
   Vuelan en formación muy parecida a la de los gansos. A pesar de ser muy asustadizas y tener buena vista, han sido cazadas indiscriminadamente, pues tienen la costumbre de volver a los comederos usuales, aunque se haya matado a sus compañeras.
   Resulta un ave de patas y cuello largos, con plumaje gris y garganta blanca, la corona no tiene plumas, pero la piel de esta región es rojiza y está cubierta de pequeños pelos negros.
   Caminan con gravedad a pasos lentos y con el pescuezo encorvado, en forma de S, que se estira de vez en cuando, para apreciar si hay peligro.
   Estas aves se emparejan para toda la vida y tienen una espectacular exhibición de cortejo. El macho y la hembra no presentan muchas diferencias en su aspecto; no obstante, la hembra posee colores más tenues y el macho posee las plumas negras, destaca el artículo de la enciclopedia.
   En Cuba existe un Programa de la Grulla Cubana que consiste en el manejo de sus hábitats y una campaña de educación ambiental, con el fin de que la población la conozca y proteja para que no desaparezcan estas hermosas criaturas. Esta iniciativa también se materializa en El Venero.
   Pero, la riqueza de lugar no se reduce a la avifauna, beneficiadas con lagunas interiores que conforman espacios ideales para la nidificación y el descanso, fundamentalmente de las convivientes en espacios acuáticos.
   La diversidad de vegetación apunta a otro de los valores naturales del área, en estrecha relación con los destacados con anterioridad.
   Fundora Caballero resaltó la existencia bosques semideciduos mesófilos, de galería y un herbazal de ciénaga que constituye más del 90 por ciento de la superficie total del área protegida.
   A pesar de la existencia de bajos niveles de humedad relativa, debido a las escasas precipitaciones, el herbazal de ciénaga se mantiene en condiciones satisfactorias para desempeñar importantes funciones en el ecosistema, como la regulación del flujo del recurso hídrico en toda el área protegida.
   Este herbazal, conocido como la "garganta" del GHNCA, es el segundo más grande del país en cuanto a regulación de aguas.
    Comúnmente son utilizados como hábitats para diferentes tipos de animales y plantas, además de reconocerse por ser indispensables para la supervivencia de múltiples especies que no podrían vivir sin el ambiente húmedo y el acceso al agua y nutrientes.
   Actúan como filtros naturales para el agua y el aire pues plantas típicas de ciénagas que ayudan a eliminar contaminantes del agua y algunas de estas también previenen la erosión de los suelos.
   Ofrecen protección contra inundaciones y sequías extremas al almacenar grandes cantidades de agua durante la temporada húmeda y liberar los recursos hídricos lentamente durante los períodos secos, función crucial para resguardar a las comunidades contra las inundaciones y garantizar la disponibilidad del vital líquido en los períodos de mayor escasez, cada vez más frecuentes, como consecuencia del cambio climático.