Como la hermosa y genuina flor mariposa que abre sus pétalos en los primeros albores primaverales, batió sus alas la mujer cubana en la manigua libertadora para demostrar su valor y utilidad tiempo después de estallar la Guerra de los Diez Años, el 10 de octubre de 1868.
Incentivó este accionar el verbo valiente de la camagüeyana Ana Betancourt, cuando el 10 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro, pidió que se tuvieran en cuenta los derechos de las mujeres, quienes esperaban, en la tranquilidad del hogar, que la revolución nueva reclamara sus esfuerzos.
Determinó la historia que fueran mensajeras, brigadistas y enfermeras clandestinas, que abandonaran a sus familias o cambiaran de identidad cuando los deseos de independencia lo demandaban o no eran suficientes los recursos humanos y materiales para concretarlos.
Algunas sufrieron prisión y a otras les arrebataron la vida durante el cumplimiento de las más arriesgadas misiones. Por eso insiste la memoria nacional en recordarlas y en realzar la labor de las que hoy permanecen en un sinnúmero de frentes que abarcan la salud, la educación, la ciencia y los servicios.
Desde Mariana Grajales hasta Vilma Espín y todas las que actualmente mantienen en alto su decoro, la bravura se ha vestido de gala a través del tiempo para demostrar que el coraje y el ímpetu también tienen nombre y rostro de mujer.
A su día internacional arriban siendo protagonistas de un proyecto social que ve en su estirpe a las creadoras de una obra imperecedera, que reconoce sus destrezas y le brinda igualdad de liderazgos para materializar proyectos y recibir los mismos salarios sin menoscabo de su raza o procedencia.
Acude la memoria a la justa y certera palabra martiana en cada ocasión en que es preciso decir lo que otras voces no han pronunciado con tanta exactitud: "Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica, tan abnegada, flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir".
Y es que constituye la mujer alma y luz del mundo cual joya preciosa que reluce y perdura en la eternidad del tiempo; regalo y esencia verdadera que debemos celebrar y honrar cada día.